Sin neutralidad

Estemos claros. La violación de derechos humanos, como la restricción de la libertad por causas políticas, religiosas o socioeconómicas (alimentos, medicinas, seguridad, educación y recreación), es un asunto que compete a los ciudadanos.
Por lo tanto, la práctica de ciudadanía es fundamentalmente la promoción y defensa de los derechos básicos del ser humano. De otra manera no se puede ser ciudadano ni ejercer ciudadanía. Se estaría formando parte de eso llamado peyorativamente, hombre-masa.

La masa, socialmente hablando, es el conjunto informe de individuos anónimos que existen y hasta viven en la sociedad pero que no poseen consciencia ciudadana y permanecen inertes en los bordes, al margen del desarrollo social.
Lo que escribiré posiblemente sea duro pero es mi verdad, soportada por la experiencia de más de 60 años de práctica ciudadana y 20 en defensa irrestricta de la libertad y la consciencia ciudadanas. Es imposible construir una sociedad con individuos que no desean salir ni ser rescatados de las garras de la marginalidad y que prefieren escudarse detrás de ese inmenso fantasma que se llama masa social.

El hombre-masa no tiene rostro propio, ni sentido de existencia en una sociedad de ciudadanos que constantemente cuestionan y se cuestionan mientras practican ciudadanía. El ciudadano respeta el derecho ajeno mientras exige del Estado la aplicación de las leyes para convivir en una nación democráticamente sana. Porque en una sociedad de ciudadanos es la libertad individual (-no individualismo) lo que prevalece y se fortalece.

Los ciudadanos en una nación libre y de principios y valores jamás podrán ser neutrales frente a la violación de los derechos humanos básicos. Ser neutral es estar del lado del opresor, de la dictadura y el totalitarismo.
Creo firmemente en la educación como el mejor invento del hombre para acceder a una sociedad democrática, libre, participativa y productiva, que construya bienestar. Por lo tanto, el destino de una nación tiene que estar en manos de mujeres y hombres formados, tanto profesionalmente como en la educación en valores.

Lo diré sin tapujos: el hombre-masa no debe ocupar puestos jerárquicos en la administración del Estado. Más todavía, los dirigentes y líderes políticos deben ser profesionales con estudios al menos universitarios y con capacitación en las áreas de la administración pública. Porque lo público es el espacio que compartimos todos. Es lo más delicado y complicado.
La profesionalización de la actividad política no es garantía en sí misma que frene los actos de corrupción o violación de derechos humanos. Sin embargo, es un puesto de control con una serie de escalones que minimizan la transgresión, al introducir al individuo en la actividad del cumplimiento de la formalidad y las normas mientras es observado y evaluado constantemente por la consciencia ciudadana de los hombres libres.

Otra aseveración más. Quienes estén realizando actividad militar deben estar impedidos de ejercer funciones en la administración pública. La vida militar por ser contraria a la vida civil, por su jerarquización y obediencia absoluta a la superioridad, es contraria al régimen de vida ciudadana. Nunca he creído que los militares resuelvan nada en la administración pública del Estado, salvo convertir todo en militarismo, arbitrariedad y autoritarismo.

PANORAMA

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