No te rindas

No vayas a viajar de noche, cuidado con ese trecho de la carretera, no te pares en ese restaurant o esa bomba de gasolina porque es peligroso. A todos quienes viajamos por el país nos lo advierten amigos bien informados. Las vías en mal estado, el costo de cualquier reparación y la escasez de repuestos, se juntan a la inseguridad para limitar nuestra libertad de viajar de un sitio a otro en nuestro país.

Y a eso agréguese la disminución de los vuelos, el problema de los cupos y una suerte de misterioso mercado negro con los pasajes.

Los trabajadores tienen problemas para llegar a fábricas, oficinas o comercios por los problemas de transporte y por la falta de efectivo. La gente saca la cuenta de si para ganarse lo que se gana y para lo que esto le rinde valdrá la pena gastar en salir de la casa.

La otra noche en Maracaibo, entrando en una arepera se fue la luz en el sector. A oscuras regresé a donde me alojaba. Era el segundo apagón en el transcurso del mismo día. Lo que ocurre en la capital zuliana y los lugareños se desahogan tomándolo como materia prima de esos chistes que sabe producir su proverbial buen humor, no es raro en ninguna parte. En Caracas se cuidan más de las interrupciones del servicio eléctrico, pero ya ocurren y todos sabemos cuánto ha desmejorado la capacidad de respuesta ante denuncias de averías.

Uno se pregunta ¿Cómo funcionaría la luz eléctrica si la economía no estuviera tan disminuida? Todos los análisis coinciden en que el PIB caerá otra vez este año ¿Es el sexto en fila?

En Maturín me cuentan y constato con mis propios ojos el declive de nuestra industria petrolera. Aquí, allá y más allá, “no hay”, “hace tiempo que no viene” o “no se consigue” son respuestas que uno recibe frecuentemente cuando solicita comprar cosas bastante comunes.

Son síntomas del deterioro en la vida al que vamos acostumbrándonos. La propaganda oficial tiene la misma respuesta para todo: “Es la guerra económica”. Los responsables de este descalabro siempre culpan a otros. El imperio, las sanciones, los empresarios, la oposición, el sabotaje y hasta alguna iguana. Cualquiera menos ellos, que llevan casi veinte años tomando las decisiones y disponiendo de los mayores ingresos públicos que recuerde la historia.

Así como veo eso, admiro al país que no pierde la esperanza. Que sigue trabajando, creando, produciendo, resolviendo. La que no se rinde. Esa Venezuela reta al liderazgo. No te rindas dice, no me dejes sola.

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