Ascanio: “Seguiremos con ímpetu para cambiar el país”

El movimiento estudiantil está convencido de que se puede vivir en un mejor país y se siente motivado a luchar no solo por un cambio de gobierno, sino por una transformación social que impida que en otro momento Venezuela “viva sometida a los intereses de unos pocos”.

El 31 de marzo de 2017, un día antes de que empezaran  formalmente las protestas contra las medidas del gobierno de Nicolás Maduro, los estudiantes de las distintas universidades del país se dirigieron al Tribunal Supremo de Justicia para exigir democracia y en rechazo a dos sentencias emanadas de la Sala Constitucional, en las que se arrebataban las competencias que, por Constitución, tiene la Asamblea Nacional.

La Guardia Nacional y colectivos armados arremetieron contra ellos, por lo que decidieron abandonar el lugar, pero con la firme convicción de que planificarían un conjunto de actividades para exigir respeto a las leyes y autonomía en los poderes que conforman el Estado.

Ese mismo día, Luisa Ortega Díaz, quien se desempeñaba como fiscal general, anunció que los fallos del TSJ habían violado el orden constitucional y desconocido el modelo de Estado que se establece en la carta magna.

Alfredo García, presidente adjunto de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, escuchó a lo lejos las declaraciones de Ortega Díaz, mientras permanecía en una oficina de detención preventiva en el Palacio de Justicia por haber protestado ante el TSJ.

Daniel Ascanio, ex presidente de la FCU de la Universidad Simón Bolívar, aseguró que a partir de ese momento entendieron que la protesta debía incorporar a factores como partidos políticos, organizaciones no gubernamentales y sindicatos, y comenzaron a articularse.

Durante los cuatro meses siguientes, los ciudadanos salieron a las calles a exigir la restitución del orden democrático y la renuncia del presidente Maduro, lo que ocasionó la represión de los cuerpos de seguridad del Estado en medio de la cual murieron 135 personas y hubo más de 1.900 heridos por impactos de perdigones y gases de bombas lacrimógenas.

La tristeza que causó la pérdida de esos venezolanos debe convertirse en un motivo de lucha, según los dirigentes, para lograr la salida pacífica y constitucional de Maduro. “Ellos no son una cifra ni podemos olvidarlos. Dejaron su vida en las calles y eso merece nuestro compromiso por rescatar al país”, indicó Ascanio.

Durante las protestas, según los datos del Foro Penal Venezolano, fueron detenidos 1.150 estudiantes, de los cuales 37 aún permanecen privados de libertad.

“Un año después nos sorprende ver que nuestra vida era diferente y tan poco lógica, porque se volvió automática la presencia en las calles, debido a la falta de conducción política y al rol que asumió la sociedad civil, hasta que las protestas se apagaron y no logramos el objetivo, que era rescatar nuestra libertad. Salíamos todas las mañanas a intentar hacer lo posible en las manifestaciones, aunque supiéramos que no llegaríamos a donde nos habíamos planteado”, evocó García.

Sin embargo, afirman que después de estos meses en los que la protesta no se ha logrado reactivar, tienen el compromiso de continuar al frente del país y promover la organización, el acercamiento a los más necesitados y realzar la esperanza.

“Mientras tengamos aliento y nos encontremos en este país, vamos a seguir con nuestro ímpetu, voluntad y con la intención de generar una Venezuela distinta. ¿Cómo no vamos a luchar si no hay comida, no alcanza el sueldo ni se pueden comprar las herramientas para nuestra formación; si no hay transporte y los comedores no funcionan?”, cuestionó Ascanio.

Los logros. Los estudiantes aseguran que el reconocimiento de Maduro como un dictador y la presión internacional constituyen una “victoria fáctica”  imposible de ocultar. Además, reafirman que el venezolano está dispuesto a cambiar su realidad; es capaz de creer, organizarse y soñar para ofrecerle otro futuro a las nuevas generaciones.

Ascanio y García señalaron que el hecho de que Ortega Díaz, Rafael Ramírez, Gabriela Ramírez y Miguel Rodríguez Torres –que significaron piezas fundamentales en el chavismo– ya no compartan la visión de Maduro también es una victoria.

Aprovecharon para aclarar que el haberse separado no elimina sus responsabilidades ni su complicidad, pero son necesarios para que su voces también sean escuchadas en el ámbito internacional. “Como estudiante no puedo olvidar cómo la fiscal fue cómplice del secuestro y la persecución de mis compañeros en 2014. Tampoco puedo olvidar que Rodríguez Torres fue responsable de detenciones arbitrarias y que la ex defensora fue cómplice y mantuvo silencio. No se separaron del régimen porque sean demócratas, quizás lo hicieron para defender el proyecto político de Chávez”, argumentó Ascanio.

¿Volverían al asfalto? Desde agosto del año pasado, los venezolanos dejaron de creer que la calle sea un método para presionar al gobierno, por la falta de liderazgo en la oposición o por el control de las instituciones por parte del oficialismo.

El movimiento estudiantil aclaró que para salir de nuevo debe contarse con tres elementos: entender que la calle es un medio para conseguir el objetivo y no un fin, tener claro el objetivo y estar organizados.

“La pregunta no es si volveríamos a salir, sino cuándo vamos a salir nuevamente. Todos los días tratamos de ayudar a nuestra gente, a nuestros compañeros. Buscamos cómo mejorar la academia. Somos claves para el cambio y quien crea que estando solo tiene la capacidad de cambiar la realidad, no ha entendido el mensaje después de casi 20 años de chavismo en el poder”.

Plataformas. Los estudiantes consideran que iniciativas opositoras como Soy Venezuela y el Frente Amplio, deben dirimir sus diferencias e incluir a dirigentes como Henri Falcón, porque a pesar de que no comparten su ideología, también son necesarios para quebrar el sistema.

David Matheus, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Metropolitana, expresó: “Estamos buscando la manera de articular a los sectores y lograr puntos mínimos en los que nos podamos reencontrar para así trabajar por un mejor país”.

Samuel Díaz, ex presidente de la FCU de la Universidad Metropolitana, añadió que la reconstrucción de un país no es algo momentáneo, y que no que depende de un “mesías”. “La formación es imprescindible. Hay que trabajar con las comunidades con ese fin”, comentó.


El dato

El movimiento estudiantil ve con preocupación el aumento de la migración, sobre todo porque en su mayor parte se trata de jóvenes que no pudieron continuar estudiando en el país, no solo por políticas económicas erradas, sino porque desde 2007 el gobierno ha aplicado una asfixia financiera y académica a las casas de estudio al no poderlas someter.


Cifras

135 venezolanos murieron en las protestas que se produjeron desde abril hasta principios de agosto de 2017, de acuerdo con datos extraoficiales.

374 estudiantes han sido presos políticos de las 1.348 personas privadas de libertad que se contabilizan desde 2014, según el Foro Penal Venezolano.

 

EL NACIONAL

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