Por una democracia plena y total

Existe un altísimo nivel de consenso en la población para que el nefasto régimen chavista-madurista que oprime, sojuzga y hace pasar privaciones, miseria y hambre al pueblo, sea desalojado del poder de una vez por todas. Nuestro país necesita una democracia plena y total, que funcione en todos los planos, vale decir, en lo político, en lo económico y fundamentalmente en lo social. Venezuela está secuestrada por la camarilla gobernante y el pueblo pide libertad, aunado con la urgente solución de sus gravísimos problemas. Se adelanta un proceso electoral amañado, fraudulento con un árbitro descaradamente parcializado que pretende legitimar y perpetuar en el poder las apetencias totalitarias de la dictadura.

Trabajamos y luchamos por una Venezuela posible, y el sistema que construyamos debe propender a realizarla. En tal sentido, se convocan todas las fuerzas y energías para adelantar un proyecto claro y veraz abriéndole espacio y oportunidades al esfuerzo creador. Esta lucha se da conjuntamente con el pueblo y sus dirigentes, siempre honrando los principios. La participación unitaria es determinante.

La sociedad civil venezolana continúa dando señales muy positivas y alentadoras, y aquí es bueno destacar y saludar la iniciativa de diferentes organizaciones gremiales, sindicales, políticas y demás representantes de las asociaciones civiles del país, quienes convocaron a la unidad en defensa del futuro de la nación y sus ciudadanos el pasado martes en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela en un acto denominado: “Venezuela unida, no se rinde”. ¡Es hora de cambiar! Allí se exigió la inmediata activación de la ayuda humanitaria en alimentos y medicinas, así como la aplicación de una política económica que acabe con la hiperinflación y la especulación destructoras del poder adquisitivo de nuestros ingresos, que favorezca el desarrollo productivo, la multiplicación del empleo decente y mejore sustancialmente los salarios reales. Una política que proporcione recursos suficientes para garantizar educación de calidad, un amplio y eficaz sistema de seguridad social y servicios de salud seguros y eficientes.

La proclama leída da cuenta de la triste y cruda realidad que vive nuestro país: “Venezuela, cuánto dolor se acumula en el sufrimiento de tus hijos, cuánta miseria, cuánta hambre, cuánta ruina material, institucional, moral y humana va dejando a su paso el delirio fanático de imponer a tu gente –al obrero, al profesional, al técnico, al estudiante, al ama de casa, al maestro, al universitario, al industrial, al comerciante, al agricultor, al desempleado, en fin, a quienes sobrevivimos en tu suelo– un régimen político y económico abiertamente en contra de la democracia, el progreso y la libertad.

Nunca, en la última centuria de nuestra historia, habíamos padecido una catástrofe similar, ni habíamos tenido por delante la amenaza de continuar empeorando, pues quienes se enquistaron en el poder son incapaces de cambiar y pretenden perpetuarse como sea. El fraude constituyente es la máquina infernal encargada de sepultar la soberanía popular y el voto libre, pretendiendo acabar con la escasa institucionalidad democrática que queda y con la vigencia de la Constitución.

EL NACIONAL

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