Hambre, maltrato y abandono: los niños que luchan por su vida en las calles de Venezuela

Los pies de Sofía (a quien llamamos así para proteger su identidad) no son los de una niña de quince años. Caminando descalza por las calles de Caracas se le ha endurecido el cuero de la planta de sus pies. Así como se le ha endurecido parte de su alma en tres años que lleva viviendo en la calle, reseñó Infobae.

Estudiaba primer año, pero su mamá “la corrió de la casa” presionada por su padrastro. Su mamá le sacó “las cosas para la calle” y tuvo que irse. Confiesa que se siente mal por estar en la calle. Le cuesta hablar de eso. Hace pausas entre frase y frase que denotan incomodidad al hablar de su situación.
¿Qué has aprendido en la calle?
—La calle no es buena. Aprendes puro lo malo. Puras cosas malas. Que las personas cuando hacen las cosas mal la lección es que los matan. Y eso no es bueno.
¿A qué cosas malas te refieres?
—Por ejemplo si dicen que tú chocaste, así tú no hayas chocado, te matan.
¿Qué comes?
—Basura.

A los muchachos con los que se encuentra cuando conversamos en Chuao, una zona al este de Caracas, los conoció en el centro comercial Sambil, uno de los más concurridos en el este de Caracas, donde la gente va simplemente a ver tiendas cuya mercancía no puede pagar.
¿Quisieras que alguien te ayudara a salir de la calle?
—Sí, sí quisiera. Porque una niña como yo debería estar en su casa, estudiando para ser alguien en la vida.
¿Qué quieres ser?
—¿Yo? Quería ser doctora. Pensé en ser doctora por mi mamá, porque decía que yo iba ayudar a mi mamá cuando fuera grande.

Se queda callada y mira hacia el infinito. Hace tres años no ve a su mamá, ni ha tenido contacto con ninguna persona de su familia. De su pasado, no muy lejano, recuerda que aprendió a leer y a escribir en el colegio. A multiplicar, dividir —dice, mirando hacia el piso, como buscando las palabras para poder expresar lo que siente—. Aprendí otras cosas buenas— completa la frase.
Y en la calle ¿qué has aprendido?
—A meter puñaladas. A entrarme a coñazos (golpes). A cómo partir una botella. Muchas cosas. Cómo te violan, cómo te matan. Muchas otras cosas que uno no sabe ni cómo explicar. Que los policías, sin que tú hagas nada, te entran a coñazos.
¿Qué es lo que más deseas en este momento?
—Comer. Irme para mi casa.
¿Dónde duermes?
—Donde me agarre la noche, debajo de un puente.

Fotografía del 3 de marzo de 2018 de un adolescente en la entrada de una panadería en una plaza en Caracas (Venezuela). La inédita crisis económica y social de Venezuela se hace inocultable en calles y casas de abrigo que a diario reciben a niños que han quedado desamparados después de que sus padres emigraran a otro país a buscar nuevas formas de ingresos y los dejaran a cargo de personas que no pueden mantenerlos. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ
Fotografía del 3 de marzo de 2018 de un adolescente en la entrada de una panadería en una plaza en Caracas (Venezuela).  EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

De otros niños que también estuvieron con ella dice que se los llevó la misión “Negra Hipólita” (2005). Junto a la misión “Niños y Niñas del barrio” (2008) son mercadeadas por el gobierno, de Chávez antes y de Maduro ahora, como la bandera social para atender a los adultos y a los niños que viven en situación de calle.

El término “niños de la calle” fue empleado por Hugo Chávez el mismo día que ganó las elecciones en 1998. Veinte años después el problema sigue ahí, en la calle, pero ahora profundizado.

—Negra Hipólita es una supuesta misión que ayuda a la gente en situación de calle. Pero allá es lo mismo que estar en la calle porque te dan coñazos, no te dan casi comida.
¿Crees que el gobierno está ayudando a los niños de la calle?
—No. El gobierno lo que hace es darle más coñazo a uno.
¿Qué le dirías a otras madres que han pensado en botar a sus hijos de la casa?
—Que no lo hagan, que eso es malo. Que no le quiten la infancia sus hijos. Que no los tiren a la calle porque la calle es mala.
¿Has robado?
—Sí.
¿Te arrepientes?
—Sí porque eso es malo. ¿Robarle una cosa a una persona que se lo ha trabajado mucho, para que tú se lo quites de la noche a la mañana después de que se lo sudó? Eso es lo único que yo le puedo decir a la gente.
¿Y a otros jóvenes como tú que están en la calle?
—Que no hagan lo malo, que traten de buscar la mejor vida para ellos.
¿Has buscado ayuda?
—Sí. En un consejo de protección, pa’ ver si me ayudaban pa’ ponerme a estudiar o me llevaban para una casa hogar, y no me quisieron ayudar porque tengo 15 (años).

 Fotografía del 3 de marzo de 2018 de niños caminando en un calle de Caracas (Venezuela). La inédita crisis económica y social de Venezuela se hace inocultable en calles y casas de abrigo que a diario reciben a niños que han quedado desamparados después de que sus padres emigraran a otro país a buscar nuevas formas de ingresos y los dejaran a cargo de personas que no pueden mantenerlos. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ
Fotografía del 3 de marzo de 2018 de niños caminando en un calle de Caracas (Venezuela). EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

Sofía nació en revolución. La del presidente fallecido Hugo Chávez, quien prometió que acabaría con los niños de la calle. En 1998 de acuerdo con la agencia de noticias del Estado (AVN) se contabilizaban 9.000 niños en
situación de calle.

No hay una cifra oficial ni extraoficial que contabilice cuántos niños hay hoy en la calle en Venezuela. Pero están ahí a la vuelta de cada esquina.

La suerte de esta joven que llamamos Sofía es quizás, menos alentadora que la de otros “niños de la calle” que al igual que ella aseguran que lo peor de estar así, en la calle, son la policía y la “Negra Hipólita”. A diferencia de ella, otros tienen la posibilidad de recibir atención por parte de la Asociación Civil Red de Casas Don Bosco que tiene diez casas en toda Venezuela en las dan atención a más de 1.300 menores.

LA PATILLA

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