Implicaciones del petro

Los socialistas, comunistas, tienen una cuasi ciencia económica: la antieconomía: de una parte, para poder expresarse, el socialismo debe desacreditar la economía; por otra, para ser creíble y poder pretender convertirse en gestor eficaz del Estado (después de haberlo desorganizado) debe demostrar que sabe comprenderla. ¿Cómo salir de esta contradicción? Cuando se está en la oposición, la retórica es suficiente, pero en el poder la realidad se impone. ¿No han estudiado las desastrosas experiencias pasadas en países donde se ha tratado de imponer, siempre a la fuerza, el comunismo?

Al despreciar leyes económicas han fracasado, con frecuencia, en sus intentos. Como fue el caso del Frente Popular en Francia en 1936. Después de dos años de episodios penosos, y a pesar de medidas favorables a los trabajadores, el poder de compra de los menos favorecidos volvía a su nivel original. Tentativas análogas de redistribución han tenido lugar en Chile, Portugal.

Para poder hacer olvidar a la opinión pública sus errores pasados y presentes en medio de la hiperinflación, los comunistas venezolanos en el poder deben acreditar la idea de que ellos son “buenos economistas”. Que en realidad no lo son lo demuestra el crear una moneda, que no es criptomoneda, con respaldo de petróleo y posiblemente una maraña de otras con diferentes respaldos creándose un patrón monetario “plurimetalista”, o, mejor, “plurimineralista”, pues el petróleo es un mineral no un metal. La susodicha moneda, para ser verdaderamente dinero, debe cumplir –lo mismo hace millares de años que en la actualidad– la esencial condición previa de ser susceptible de colocación, venta y aceptación con carácter general y no parcial ni paralela al bolívar: una moneda para ciertas transacciones y otra ya existente para el cambio tradicional, consuetudinario, lo cual enreda la circulación monetaria, su transparencia y confiabilidad; es más, dificulta el cálculo económico y, por ende, el comercio de mercancías.

De hecho, con el mecanismo anunciado por Maduro se están vendiendo 5.000 millones de barriles de petróleo, in situ, como dicen los geólogos, siendo el precio bastante cuestionable, dado que no es petróleo explotado, cuyo costo de explotación no es competitivo a causa de la sideral ineficacia de Pdvsa, proveniente de una nómina excesiva y de funciones ajenas al negocio petrolero; además, un respaldo de petróleo in situ genera mucha desconfianza, puesto que la realidad del petróleo se concreta cuando existe una corriente por los oleoductos, llega a los depósitos o se embarca  para el comercio internacional.

No creo se pueda comercializar con el petro al costo muy inflado de explotación de Pdvsa, tal vez con un descuento se podría llegar a una cifra de 20 dólares por barril, lo cual implica que la reserva dedicada de 5.000 millones de barriles arrojaría, a la larga, 100.000 millones de  dólares, siempre y cuando no existan resistencias al funcionamiento de ciertos mecanismos de mercado; esto es, como cada barril cuesta un petro, entonces este se vendería a 20 dólares. Alguien se preguntaría: ¿Quién va a dar 20 dólares por un barril inexplotado? Así el desgobierno, en el transcurso de los años siguientes, podría obtener esos 100.000 millones de dólares que se convierten poco a poco en más deudas como consecuencia de un petróleo in situ, no comercializable en el funcionamiento del mercado petrolero actual.

Podría suceder que una transnacional del petróleo, en posesión de miles o millones de petros con su respaldo en petróleo inexplotado; es decir, una parcela dentro de la reserva, comience a comercializar petróleo in situ originando un nuevo mercado de amplias repercusiones en la economía petrolera mundial, pero es indispensable confianza y transparencia, así como libre juegos de las leyes del mercado.

Si se establece libre convertibilidad de petróleo por petros, lo que hacen es vender hipotéticamente petróleo inexplotado, lo cual es fuente de desconfianza, sobre todo, por la inseguridad jurídica. Si una transnacional, o cualquier persona natural o jurídica, posee una parcela de petróleo, quizá, quisiera explotar, pero la legislación venezolana es poco estimulante, máxime si no desea asociarse con el desconfiable Estado venezolano. Por eso es preciso realizar ciertas reformas que aviven el deseo de explotar un petróleo pesado que, de acuerdo con las dimensiones históricas, pronto será reemplazado por otras fuentes energéticas más limpias, ecológicamente soportables y sustentables como sucedió con el carbón.

Hay que explotar al máximo las grandes reservas venezolanas de petróleo pesado, dadas las acuciantes necesidades financieras para recomenzar el desarrollo.

Se perdió una ocasión, como decía Malraux, con el comunismo corrupto, ineficiente, antieconómico y destructor.

psconderegardiz@gmail.com

EL NACIONAL

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