Potencia tecnológica como prioridad

El mundo no le prestó la atención debida al presidente Xi Jinping cuando este afirmó el año pasado que su país aspiraba a liderar al mundo en las materias relacionadas con la inteligencia artificial para el año 2030.

Apenas nos separan de esa fecha 12 años, lo que es una cantidad de tiempo suficiente para desarrollar tal primacía por la velocidad a la que se desarrollan las grandes innovaciones digitales y sobre todo porque China ya lleva años preparándose para ese fin a través de más de una vía. La primera ha sido la de invertir en fusiones y adquisiciones con empresas tecnológicas del exterior. En los últimos 3 años estas operaciones han superado los 100.000 millones de dólares.  Solo en el año pasado 130 acuerdos de esta naturaleza se hicieron involucrando inversiones externas por más de 25.000 millones de dólares.

Por otro lado, desde Pekín se han  se han estado haciendo esfuerzos por formar talento chino dentro de  Europa y Estados Unidos en las disciplinas tecnológicas, asegurándose el retorno de los miles de becarios que cada año promueven para estudiar en las grandes universidades. No solo por ese lado están recabando conocimiento formal y teórico útil. Desde hace 3 años se han estado instrumentado planes para atraer a profesionales chinos que han estado relacionados, a través de su trabajo en suelo norteamericano y de algunos países de Europa, con grandes empresas de tecnología, para asimilarlos dentro de las filas de las grandes iniciativas informáticas chinas. Sobran los programas de estímulo a la inversión para identificar a los grandes cerebros chinos que están siendo exitosos en emprendimientos en el exterior, para animarlos a invertir en su propia tierra.  Si esto es una vía ortodoxa o no de hacer espionaje tecnológico es harina de otro costal.

Hay quienes aseguran que las presiones o chantajes hacia graduados o hacia académicos no faltan en ese proceso de atornillar a favor de China los avances de sus nacionales por fuera del país. Alibaba, Baidu y Tencent, los gigantes tecnológicos autóctonos, también ponen su parte en este esfuerzo por capitalizar a favor de lo chino los grandes hallazgos en los cuales participan nacionales chinos.

Todo esto se ve sazonado por la rivalidad que hay entre las ciudades chinas más grandes por tener un rol determinante en esta carrera desaforada hacia la primacía tecnológica de 2030. Con el respaldo del Estado o sin él, se arman fondos para ofrecer capitales semilla a los nacionales chinos en las grandes universidades americanas relacionadas con Silicon Valley para el arranque de iniciativas tecnológicas diferenciadoras.

Una cosa sigue haciendo la diferencia entre trabajar en suelo americano y suelo chino y, por ello, a pesar de todos los atractivos del anzuelo económico para el retorno, el éxito de los programas de captación es relativo. Los beneficios sociales inherentes a la condición de trabajador en Estados Unidos o en Europa no tienen parangón posible con las condiciones laborales en China, que hasta en este sector suelen ser con frecuencia inhumanas. Mientras esa distancia sea tan palmaria, cualquier estimulo o cualquier chantaje funcionará solo a medias.

Vivir en libertad o sin ella es también otro gran factor decidor, cuando se examinan otros elementos además de las cuentas de fin de mes.

EL NACIONAL

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