Luis Eduardo Martínez: Emilia

Hace pocas horas sepultamos a Emilia; lo hicimos en Aragua de Maturín, hermoso pueblo del norte de Monagas que la vio nacer y forjar una familia.
Allí estuvieron sus hijos, Fredy, Tirso, Arístides, Magalys, Guillermo –solo faltó Temístocles que partió antes y que ahora está junto a ella-, sus nietos –Fredy, Ibelice, Arístides, Octavio, Jenice, José Alberto entre tantos-, bisnietos, parientes y muchos que la conocimos y quisimos.
A Emilia Tirado viuda de Maza –de Puro Maza, un hombre que fue ejemplo de trabajo y honestidad y a quien siempre recordaba- Dios le concedió el privilegio de una larga vida y su muerte si bien nos entristece es el final de una existencia grata a Él.

Emilia fue una mujer llena de virtudes entre las cuales destacaron el empeño de mantener a los suyos unidos, de sacarlos adelante y su recio carácter, también su profunda fé cristiana. De admirar su empeño en que su numerosa parentela fuese siempre una sola entidad y el amor que les prodigaba por igual.

Con Puro, entendió desde temprano el valor de la educación y en un pueblo de la Venezuela profunda, donde los maestros escaseaban y era más atractivo escaparse al río que hacer la tarea, se empeñó en que sus muchachos se formaran bien. De Aragua los aventó a Maturín para que culminaran el liceo y más tarde fuera de Monagas para que se hiciesen profesionales, buenos profesionales. Hoy, Universidades, Clínicas, Bancos, Seguros, Hoteles, Centros Comerciales, Urbanizaciones, llevan la marca de los hijos, de los nietos de Emilia. Son todos hombres y mujeres exitosos pero exitosos en base al trabajo, la perseverancia, con la honradez como sino. Ninguno llegó por un golpe de suerte ni por caminos torcidos, cada uno es modelo a seguir en una Venezuela donde lamentablemente sobran referentes indignos de imitar.

En una de las varias misas que se oficiaron durante el velatorio de Emilia, el Padre Jacinto Robles recordó su activo protagonismo en la iglesia de Aragua de Maturín cuando él se desempeñó como Párroco. Cualquier sacerdote que la conociese, seguro hubiese hecho similar mención porque Emilia fue también una activista de Dios.

Mientras velábamos a Emilia, las conversaciones giraban entre anécdotas de ella y la situación del país; me acerqué a un grupo cuando relataban la de una ocasión cuando viajamos juntos a Caracas Emilia, Luis Alfaro Ucero y yo. Era en esos días Alfaro, candidato presidencial y si bien respetado también temido por todos. En medio de la amena conversación –porque Emilia era una gran conversadora- le preguntó viendo a los ojos al entonces recio caudillo: “Bueno Alfaro y tú me puedes explicar ¿quién te metió en la cabeza eso de ser presidente? Tú no ves que estás muy viejo y que lo que deberías es estar cuidando nietos”. Huelga decir que no encontraba donde meterme.

A propósito de la situación-país, que se conoce y padece por igual, quizás lo que corresponde es comenzar a entender que son los valores que exhibió y promovió Emilia –la familia, el trabajo, la honestidad, la educación- los que nos pueden sacar de la dramática crisis presente.

@luisemartinezh

LA PATILLA

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