Un cambur por transferencia

Esto le ocurre hoy a cualquiera en Venezuela, pero, digamos (Dios me salve el lugar), aun si yo fuera un chavistacomunista, ¿cómo consigo efectivo si en el cajero del banco no hay dinero y por taquilla dan 5.000 bolívares, de los cuales 3.000 son para pagar el estacionamiento porque no tienen punto de venta?

Digamos que soy chavistacomunista (Dios vuelva a salvarme el lugar) y necesito insulina, antibióticos, anticancerígenos, hipertensivos… Y si en el mejor de los casos tengo la enorme cantidad de dinero que cuestan, ¿en qué farmacia los consigo y con qué cancelo si el punto casi siempre falla?

Digamos que necesito aceite para mi automóvil. ¡Ni pagando hay! Y si quiero arepa, ¿de dónde saco la harina? Si se daña o me roban la batería, ¿con qué cancelo el taxi que debo tomar para buscarla por toda la ciudad?

Digamos que soy millonario y en la carretera me provoca una empanada y un jugo, ¿con qué efectivo pago?

Digamos que soy loco y se me ocurre ir a Mérida por tierra, ¿quién me garantiza que después de Barinitas habrá gasolina? Gasolina que al parecer no hay porque, según ellos mismos, se la robaron toda en Pdvsa.

Y si por mala suerte me varo, ¿con qué pago la grúa? Y si estalla un caucho, ¿dónde lo compro? En Venezuela no hay.

Digamos que desesperado de tanto pelar bola todo el día y todos los días, quiero emborracharme. ¿Cómo compro una botella de lo que sea al elevado precio que tiene si no hay efectivo ni punto?

Y si quiero viajar al exterior, ¿cómo obtengo una humillante hoja de prórroga inexistente o renuevo mi pasaporte?

Y si quiero pasear de noche, ¿cómo veo si no hay luz? En Venezuela, el alumbrado público está encendido de día y apagado de noche.

Mi admirada amiga Alicia Álamo me escribió una amable carta diciendo que yo estaba muy serio. Es verdad. A veces, como hoy, trato de contar algo divertido pero me voy arrechando a medida que el artículo avanza.

Quería escribir algo que en su momento creí gracioso. Sin embargo, al hacerlo, me enfurecí: mi hija Valentina me llamó del colegio. Quería comerse un cambur (uno). La niña no tenía dinero porque en casa no hay efectivo.

La solución fue insólita: por WhatsApp me envió el número de cuenta del dueño de la cantina. Luego de varios intentos infructuosos (se cayó Internet, se fue la luz, colapsó la página del banco) logré hacer la transferencia… ¡por un cambur!

¿Será que a estos……… no les da vergüenza tener a un país en esta situación?

¡Elrccdsm!

EL NACIONAL

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