José Toro Hardy: El dilema: los pros y los contras Ago 17, 2017 7:27 am

Los venezolanos estamos enfrentados a una decisión trascendental: ¿participamos o no en las regionales?

Al escuchar los argumentos de quienes se oponen a participar pienso que tienen toda la razón. Pero cuando  analizo las razones de quienes dicen que sí debemos hacerlo, creo que también la tienen.

Enfrentamos un dilema. Ocurre cuando frente a una situación hay dos opciones de acción alternativas pero ninguna de ellas resulta completamente aceptable o completamente inadmisible.

En pro de participar está la experiencia aprendida en las parlamentarias del 2005 cuando la oposición decidió no concurrir por falta de confianza en el CNE. El resultado fue que a pesar de una abstención electoral del 75%, el oficialismo, con muy poca votación, se apoderó de la totalidad de los escaños del Parlamento.

A partir de ese momento el régimen modificó como le vino en gana las leyes, estableciendo una fuerte deriva autoritaria que condujo a una destrucción masiva del aparato productivo y nos condenó a padecer la inflación más alta del mundo.

El 30J un régimen tambaleante convocó una Constituyente fraudulenta que no puede ser supra constitucional porque no fue convocada por el pueblo sino por Maduro, porque hicieron trampa incluyendo más de un millón de votantes fantasmas (como lo reconoció SmarMatic) y porque el conteo fue fraudulento. Le asestaron una “puñalada trapera” a la democracia.

Para colmo de males esa Constituyente aberrante destituye a Luis Emilio Rondón, el único Rector del CNE que podía defender la ecuanimidad de proceso. El régimen reta, quiere dividir a la oposición. Su intención es clara: no quiere que esta concurra a las elecciones. Aspira repetir la jugada del 2005. Sospecho, sin embargo, que si inscribimos candidatos buscará alguna excusa para no realizarlas porque sabe que perdería.

Una cosa es segura, si no participamos se van a quedar con todas las gobernaciones. Dirán -como ocurre en Cuba-  que ganaron con más del 99% de los votos, entre otras cosas porque no habrá observadores internacionales, ni siquiera SmarMatic,  ni testigos de la oposición. Todo se habrá consumado. Ni siquiera podríamos denunciar un fraude.

Pero por otra parte están los argumentos sólidos en contra de concurrir a esa parodia electoral. La oposición acaba de realizar un Plebiscito al cual concurrieron más de 7,6 millones de venezolanos quienes marcaron una clara hoja de ruta a través de un impecable ejercicio democrático.

“Participar en ese proceso electoral sería traicionar el mandato popular que se expresó el pasado 16 de julio. No vamos a caer en la trampa de las elecciones regionales. Nos deslindamos de un factor de la MUD que parece unirse a la validación de una dictadura mafiosa y sus elecciones amañadas”, afirmo María Corina Machado. Más aún, por fin la comunidad internacional finalmente ha comprendido el drama de Venezuela y, de alguna manera, concurrir a las regionales podría ser interpretado como una legitimación y reconocimiento a un CNE absolutamente írrito.

Debo confesar que mi corazón se inclina por esa última posición. Sin embargo la razón me indica que no es el momento de dividirnos. “El corazón tiene sus razones que la razón no comprende” decía Pascal, filósofo francés del Siglo de las Luces.

La razón me dice que debemos continuar a toda costa unidos en esta lucha existencial por salvar nuestra democracia, nuestra patria y nuestros valores. La división entre los líderes está enfriando la calle y eso no debemos permitirlo.

Me pregunto: ¿con qué mecanismos contamos para imponernos al régimen? Hasta que surja alguno más contundente, estoy convencido de que nuestra mayor fuerza es la unión.

Quienes están en contra de participar sostienen que las dictaduras no salen con votos. Sin embargo, todas las dictadura latinoamericanas de los 70 y los 80 (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, etc) salieron con votos. Cuando el agua les llegó al cuello, se vieron obligadas a convocar elecciones y a respetarlas. Lo mismo ocurrió en el “Otoño de las Naciones” cuando en 1989 el comunismo se vino a pique en toda la órbita soviética e, incluso, en 1991 en la propia URSS. Por supuesto ello requirió previamente del colapso de esos regímenes.

Diría que la Constituyente les está saliendo por la culata. La avalancha internacional de posicionamientos contra el régimen es de proporciones desconocidas en la historia latinoamericana. El viejo continente se ha unido al nuevo para denunciar la ruptura del hilo democrático en Venezuela.

¿Será que la economía y la reacción internacional jugarán un papel decisivo en el colapso del régimen?

LA PATILLA

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