César Pérez Vivas: El circo sin pan

El circo ha abierto sus puertas. Instaló su carpa en el pleno corazón del viejo Capitolio caraqueño. Con el pomposo nombre de Asamblea Nacional Constituyente, la dictadura inauguró las funciones, mediante las cuales conseguir una justificación, para su infinito apetito de poder absoluto, y su irrefrenable deseo de avasallar, aplastar y silenciar todo tipo de disidencia. Solo así podrán avanzar en la instauración del verdadero “Socialismo del Siglo XXI”. No otra cosa distinta al viejo socialismo de comienzos del siglo XX, cuya impronta de muerte y desolación cundió por buena parte de Europa.

No era necesario armar esa comedia para imponer la voluntad omnímoda de la camarilla gobernante, que se paga y da el vuelto en el ejercicio del poder. Esta cúpula no puede ejercer el gobierno si no controla todos los resortes del poder. Para Maduro, Cabello, Padrino, Isturiz, los hermanos Rodríguez y demás integrantes de la camarilla roja, no es posible concebir un sistema donde no se acaten acríticamente sus instrucciones. Pensar en la existencia de un poder legislativo autónomo, capaz de ejercer a plenitud las competencias de legislación, control y representación es imposible para quienes solo entienden la función pública como el dominio absoluto de toda acción y opinión. Cohabitar con un sector de la sociedad, con ideas y modelos distintos a los que ellos defienden es imposible.

Ese circo es de muy mala calidad. Un tumulto de oscuros personajes se aglomeran para acatar las instrucciones que la cúpula imparte, a través de los mismos personajes que por más de 18 años han sido ministros, gobernadores, diputados, embajadores, magistrados, almirantes y generales. Desde Miraflores se imparten las ordenes a todos los estrados del poder del estado. Desde el momento en que dichas ordenes no eran recibidas en el Parlamento y en la Fiscalía, entonces se decidió liquidar ambas instituciones. Y, oh, idea genial, instalemos una Asamblea Nacional Constituyente.

A sangre y fuego se hizo el simulacro de una elección para poder esconder el origen de las ordenes. Pero a nadie han podido engañar. Todo el mundo sabe que ese circo tiene dueño. Que ahí nadie va para debatir, para legislar, o para conducir los destinos de la nación. Allí esos personajes del circo, los que llenan la sala, solo van a aplaudir los histéricos discursos de los mismos señores y señoras que en estos ya largos años de tragedia, han llenado de ignominia, vulgaridad e irracionalidad el espacio público de nuestra sociedad.

Pasaran los días en que estas funciones se den, y nadie sabrá quienes fueron “los elegidos”, cuál es su verdadera representatividad. Ello no interesa. Solo están ahí para llenar la sala, y para justificar el golpe certero contra la democracia.

Clausurado el parlamento, expulsada la fiscal general, continuará la hemorragia de arbitrariedades para esconder la brutal incapacidad de un gobierno, carcomido hasta las entrañas, por la vorágine de una corrupción sin precedentes en nuestra historia.

Para hacer todo eso, Maduro y su camarilla no necesitaba ese circo. A nadie engaña. Ha debido tener el coraje de otros dictadores. Cerrar el parlamento como lo hizo Fujimori, de manera directa, sin burladero de por medio. Sacar a la fiscal de manera directa, como lo hacía Pinochet,  sin encargarle la tarea a sus ministros en función de constituyentitas. En esencia es lo mismo, es la imposición por la fuerza de las armas, ante la ausencia de legitimidad y legalidad que sustenten tamaña barbaridad.

Pero al circo del socialismo bolivariano le falta el pan. Sin pan no podrán lograr la vieja conseja de dar a los pueblos “pan y circo” a los fines de mantener el poder. Con circo de mala factura, con pésimos actores, como Diosdado, Delcy, Isaías, Iris y Aristóbulo, entre otros; y con el hambre que se expande velozmente, no es posible darle larga vida a la dictadura en funciones.

En efecto, mientras más empeño colocan en el hiper activismo politiquero, entre más se empeñan en perseguir, hostigar y reprimir, entre más se esfuerzan en controlarlo todo, más se hunde la economía, y en consecuencia más avanza la crisis humanitaria de nuestro pueblo.

La fraudulenta ANC no podrá ayudar a Maduro a resolver la crisis económica, la profundizará.  No propiciará las condiciones para producir ni alimentos, ni medicinas. La situación llegará al extremo, de que muchos de los que aún blanden las banderas del “chavismo”, terminarán en las calles sumados al ya determinante y mayoritario país, que clama por un cambio urgente de gobierno y de modelo político economico.

Este circo sin pan está condenado a ser el más monumental fracaso político del “socialismo bolivariano”, y con él, se consagrará el fracaso global de este modelo.

LA PATILLA

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