Editorial El Tiempo (Colombia): Adiós a la democracia

Si alguien aún tenía dudas sobre la vía dictatorial que venía perfilando el proceso revolucionario venezolano, probablemente las disipó la noche del domingo cuando Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), anunció los resultados de la participación para la Asamblea Nacional Constituyente.

La cifra, así como lo reconoció con cinismo el presidente Nicolás Maduro en su alocución de victoria ante unos cuantos seguidores, fue sorprendente, inesperada y por lo mismo inverosímil, pues significó ni más ni menos que el poco carismático mandatario, en su peor nivel de popularidad y tras cuatro meses de una sistemática represión y la muerte de más de 100 manifestantes, logró increíblemente casi la misma votación que Hugo Chávez en la elección presidencial del 2012, en uno de sus mejores momentos de popularidad: 8,1 millones de votos entonces contra 7,5 de ahora.

Y así, mientras los datos de la oposición ubicaban apenas 2,2 millones de sufragios, el CNE anunciaba unas cifras de ensueño para Maduro, quien, con su constituyente plenipotenciaria, adelantó que levantará la inmunidad parlamentaria para “hacer justicia”, pondrá en orden la Fiscalía para sacar del camino a Luisa Ortega Díaz, la histórica dirigente de la entraña de Chávez que se ha opuesto a sus maniobras, e instalará lo que ha denominado el ‘Estado comunal’, una especie que no es del todo clara.

Parecían unos votos sacados del sombrero de Lucena, quien, ignorando lo que pasaba en las calles, se felicitó por unas elecciones tranquilas y sin traumatismo, como si no le hubieran dolido los 16 muertos que dejó la jornada y pusieron a esta elección en el lamentable primer lugar de las más violentas de la historia republicana del país.

Este inevitable salto al vacío del Gobierno se explica en la medida en que se percibe que ya no hay reversa en su proyecto, pues se entiende que si la cúpula chavista deja el poder, el destino para ellos será, inexorablemente, la cárcel o el exilio. En esa lógica, tienen que avanzar en un proyecto que les garantice impunidad mientras puedan resistir la formidable presión ciudadana y la vergüenza internacional, que ayer subió un listón con la inclusión de Maduro en la lista de sancionados por el Tesoro de Estados Unidos y antes, por la decisión, tomada primero por Colombia y luego por otras naciones, de declarar su no reconocimiento de la constituyente o simplemente su condena a lo sucedido este 30 de julio, trágico para la democracia.

Maduro está, hoy por hoy, al nivel del sátrapa sirio Bashar al Asad, del eterno dictador de Zimbabue Robert Mugabe o del brutal líder norcoreano Kim Jong-un, todos sancionados directamente por Washington.

Pero, para varios observadores, esta constituyente puede ser para Maduro un tiro en el pie. Pues, bajo el liderazgo de Diosdado Cabello, esta asamblea superpoderosa podría, incluso, minar el mandato presidencial.

Tiempos oscuros vienen para Venezuela. Solo la resistencia digna y valerosa de su pueblo y, por qué no, la ajustada presión internacional harán que de este desastre que sembró Maduro brote la simiente de un nuevo país, por supuesto sin él.

– editorial @eltiempo.com

LA PATILLA

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